Poema a mi fantasma o el angustiante aleteo de las mariposas


Lo llamé para leerle el nuevo poema, se puso cómodo en el mejor sillón de la casa (podría haberse sentado en el aire, pero era pretencioso).

Aclaré la voz y comencé a leer: 

Fantasma:

Un fantasma pequeño

en el hueco de mi mano,

me mira con las nubes 

de sus ojos.

Chiquito, tibio, bailarín,

salta piruetas, envuelto 

en diminuta sábana.

No quiere que lo suelte,

va conmigo al trabajo,

a la cocina, Cuando duerme,

recuesta su cabeza

en mi almohada.

Mi fantasma silba un tanguito

mientras sueña.

Es alegre y gruñe

sino riman las palabras.

Le gusta desayunar fuera de casa,

la mermelada, la prefiere de uvas

y que crujan las tostadas,

Las olas las elige grandes.

En verano se prueba caracoles 

de sombrero y usa mis medias

de bufandas.

Me gusta preguntarle por el clima

las noticias, la moda que se usa.

No se enoja, 

responde con voz suave:

- ¿No ves? ¿No te das cuenta? 

¡Soy un fantasma!


Se levantó, del mejor sillón de la casa, revoloteo su sábana, que además también era Mi sábana y por supuesto la mejor de la casa (8000 hilos egipcios), la hizo flamear un poco en el aire, mascullo algo que creí entender "una porquería ese poemita", me dio su supuesta espalda fantasmal, enfiló por el pasillo hasta la puerta del departamento y se fue. No volvió nunca más. Me quedé tan felizmente sola,  que puse música y bailé hasta que salió el sol.

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