La batalla final o el angustiante aleteo de las mariposas (1)

    


   Al fin entendí que la batalla final, tanto como el caos, habían comenzado con el Big bang y los números habían convertido al mundo en una sinrazón. 

    Tal vez las mil y una noches eran uno de los ejes del gran relato de la humanidad, la biblia lo era para occidente con sus diez plagas plagas y sus cuatro jinetes. 

  Tal vez mi fantasma no existía pero había habitado en mi departamento de Madrid y yo le había escrito un poema. Es muy probable que nada fuera cierto. No estoy segura, soy fotógrafa  y la ciencia tiene cierta tendencia a alejarse de mí. Lo que sí es cierto es que un gato travieso anda rondando el universo. De eso puedo dar fe. ¿Quién no?

    Así, debo confesar, quedé ensimismada en cierta melancolía, dudando de Benito y de todo lo que me rodeaba.

    Me refugié en  el jardín de los senderos que se bifurcan, de nuevo, para tratar de entender.

   "Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente, se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma" Jorge Luis Borges

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