Benito o el angustiante aleteo de las mariposas (3)

 

    La vida de fotógrafa es algo solitaria, hace que una conozca gente por diversas partes del mundo, todas personas con las que cruzaba palabras un ratito. Después hoteles, bares y el estudio donde retoco mis fotos.Un día estás acá arrodillada en una escalinata de un desfile de modas y otra viendo con ojos aburridos a un par de idiotas que se enamoran obscenamente del dinero y te piden una foto con su cartera o un reloj de miles de euros. 

    Tal vez hubiera querido otra cosa para mí. Tal vez, me hubiera gustado parecerme a Benito, y andar detrás de la efímera belleza de una mariposa, pero para eso yo hubiera tenido que renunciar al dinero. Nunca quise renunciar al dinero, ni a tranquilidad que me causaba.

    Benito se había metido en mi cabeza y en el ojo de mi lente, se había colado en mis pensamientos. ¿Quién era la chica de rojo que lo corría? ¿Por qué el trípode? ¿Qué hacía que cuando lo recordaba, sus piernas fueran tres palos de madera, en las que él se asentaba como si todo su ser fuera una cámara?

    Los cuatro años siguientes, no se cómo, ni por qué, me llovió trabajo. Todos muy bien pagos, mi economía se modificó, compré un lindo departamento en uno de los mejores barrios de Madrid y decidí tomarme un año sabático. 

    Acomodando fotos me topé con la que yo le había tomado a Benito en aquel hotel de Makaresh, y mi mente jugando una mala pasada me llevó a buscarlo en las redes sociales y todas las páginas web a las que pude acceder. Me olvidaba de comer, de dormir y de salir a la calle, buscando a Benito en el éter.

 Ir a la cuarta parte


Fotografía Omar Montenegro. https://www.studionuma.com/                            



Comentarios

Entradas populares de este blog

La Batalla final o el angustiante aleteo de las mariposas (4)