Benito o el angustiante aleteo de las mariposas(1)



Nunca me dijo donde nació. Hablaba un español con acentos diversos, sobre todo al decir su nombre: Benito.

Era inquietante, nacido en los 50. Tampoco lo dijo, pero las patillas, lo delataban.

Lo conocí en el jardín Majorelle, un hotel de Makaresh. Benito terminaba una entrevista con periodistas de una cadena de noticias y yo descansaba, luego de haber fotografiado un desfile de modas. Las mesas del desayuno estaban ocupadas, se acercó a la mía y pidió permiso para sentarse. Primero me pareció molesto. Creí que era un delirante, me contó que acababa de rechazar un contrato interesante para fotografiar zonas de conflicto. Ahora que llegan los recuerdos pienso que solo habló él.

Tal vez era argentino o uruguayo, no lo sé, se me ocurrió por el aire nostálgico que ponía al hablar. Dijo que en la fotografía hay que poseer el don de los pájaros, para girar el ojo de la cámara. Mientras tomaba el café, con la mano izquierda acariciaba el trípode que traía con él.

-      - Evita las fotos borrosas.

Lo dijo en tono bajo y sonó a justificación. Pienso que el trípode era su lazarillo, una especie de amuleto, que le daba seguridad. Se posó una mariposa sobre la mesa y mi nuevo amigo, tomó su cámara lentamente, con la respiración contenida, la fotografío, el tiempo se detuvo, me pareció un presagio. La mariposa voló y Benito se perdió detrás de ella en los jardines del Majorelle. Una mujer vestida de rojo, que no sé dé donde salió, fue corriendo detrás de él.


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ilustración Omar Montenegro:Studio Numa

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