Luego de caminar noctambula por la ciudad, de ver como los gatos aullaban a la luna y los perros corrían por los techos, decidí tentar un poco al sueño, pero no pude.
Cuando intenté dormir, tuve miedo que dejen de soñarme.
En la taza del insomnio, encontré un fantasma.
Quién no tiene un pequeño fantasma debajo de la almohada ¿A quién no la sobresalta por las noches su fantasma de la almohada?
A veces es mejor hacerse amiga del fantasma
Escribir un poema al fantasma es un buen método para que se vaya
No le gustó el poema y se estuvo quejando por toda la casa, por suerte este fantasma no tenía grilletes en los tobillos, nunca había usado armadura. Era un fantasma latinoamericano.
Después abandonó la queja y me desafió, dijo, en su idioma fantasmal:
-Podés hacerlo mejor. El último poema lo copiaste, sos un desastre.
Hirió mi orgullo y me puse a escribir un poema que le dediqué, entre sus sábanas.
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