Lo llamé para leerle el nuevo poema, se puso cómodo en el mejor sillón de la casa (podría haberse sentado en el aire, pero era pretencioso). Aclaré la voz y comencé a leer: Fantasma: Un fantasma pequeño en el hueco de mi mano, me mira con las nubes de sus ojos . Chiquito, tibio, bailarín, salta piruetas, envuelto en diminuta sábana. No quiere que lo suelte, va conmigo al trabajo, a la cocina, Cuando duerme, recuesta su cabeza en mi almohada. Mi fantasma silba un tanguito mientras sueña. Es alegre y gruñe sino riman las palabras. Le gusta desayunar fuera de casa, la mermelada, la prefiere de uvas y que crujan las tostadas , Las olas las elige grandes. En verano se prueba caracoles de sombrero y usa mis medias de bufandas. Me gusta preguntarle por el clima las noticias, la moda que se usa. No se enoja, responde con voz suave: - ¿No ves? ¿No te das cuenta? ¡Soy un fantasma! Se levantó, del mejor sillón de la casa, revoloteo su sábana, que además también ...